La estrategia y las habilidades técnicas pueden llevarte hasta un puesto de liderazgo, pero no bastan para garantizar el éxito una vez estás ahí.
Hoy, liderar va mucho más allá de alcanzar resultados: significa conectar con las personas, ejercer la empatía y movilizar equipos en un entorno de cambio constante.
Sin embargo, muchas organizaciones siguen optando por esperar a ver si los nuevos líderes “funcionan” antes de invertir en su desarrollo. Un enfoque que, además de reactivo, resulta claramente arriesgado.
Mientras tanto, el compromiso se resiente, el burnout aumenta y demasiadas personas sienten que no son escuchadas ni comprendidas en su día a día.
Por eso, la pregunta ya no es si merece la pena invertir en liderazgo, sino cuándo empezar a hacerlo.
Cuando se acompaña a nuevas personas en roles de liderazgo, todo empieza por el autoconocimiento. Es la base sobre la que se construye un liderazgo verdaderamente eficaz y, por eso, los programas de desarrollo interpersonal deberían activarse cuanto antes.
Aunque aquí hablemos de nuevos líderes, este enfoque es igual de relevante en todos los niveles de la organización. También para perfiles sénior que afrontan nuevos retos, contextos cambiantes o responsabilidades distintas a las que habían tenido hasta ahora.
Las organizaciones más avanzadas lo tienen claro: proporcionan a las personas las herramientas que necesitan para tener éxito desde el primer día.
Sin embargo, la realidad en muchos negocios es bien distinta. Cuando el desarrollo del liderazgo queda relegado frente a otras prioridades —como la inteligencia artificial o la sostenibilidad—, las consecuencias no tardan en hacerse visibles: mayor desconexión, más conflictos, mayor rotación… y, en última instancia, peores resultados.
Por eso no podemos permitirnos esperar para desarrollar a nuestros líderes.
Como señala el autor Jacob Morgan, demasiadas organizaciones siguen operando bajo un modelo en el que el acceso al desarrollo en liderazgo hay que “ganárselo”. Solo quienes demuestran resultados excepcionales, generan impacto inmediato o acumulan años en la empresa reciben esa oportunidad, tratada casi como un privilegio.
Junto a la capacidad técnica, los líderes de hoy necesitan autoconocimiento y comprensión de los demás, además de saber combinar distintos estilos de liderazgo de forma eficaz. Necesitan comunicarse, colaborar y conectar con personalidades diversas, construyendo relaciones sólidas y duraderas.
Un mayor autoconocimiento y una mayor conciencia del impacto que generamos en los demás ayuda a los líderes a motivar e impulsar el compromiso de sus equipos de forma mucho más eficaz.
Los líderes eficaces aprenden a adaptar su enfoque según lo que el equipo o la organización necesita en cada momento.
Por ejemplo, liderar en procesos de cambio exige algo diferente a acompañar a un equipo en un proyecto analítico y detallista. Saber ajustar el estilo en los momentos clave, en función de las personas que tienes delante, marca la diferencia entre un líder que genera claridad y dirección, y uno que no.
Incluso los líderes con mayor agilidad natural se benefician del autoconocimiento. Al fin y al cabo, comprender nuestras propias fortalezas y puntos ciegos es la base para equilibrar distintos estilos de liderazgo de forma eficaz. Y como señala Tasha Eurich, aunque el 95% de las personas cree que se conoce a sí misma, solo entre el 10 y el 15% realmente lo hace.
Retrasar el desarrollo del liderazgo no es una práctica nueva. Tampoco lo son las consecuencias que genera. Hace más de una década, el autor y científico del comportamiento Jack Zenger ya advertía en Harvard Business Review de un patrón preocupante: las organizaciones tienden a esperar demasiado para formar a sus líderes.
Apoyándose en investigaciones de su propia consultora, Zenger señalaba que, en una base de datos de 17.000 líderes de todo el mundo, la edad media en la que las personas recibían su primera formación en liderazgo era de 42 años, mientras que la edad media de quienes ya ejercían roles de supervisión en esas mismas empresas era de 33. Es decir, casi una década liderando sin el apoyo adecuado.
Detente un momento y piensa en los líderes con los que trabajas hoy. Reflexiona sobre el punto en el que se encuentran en su desarrollo y hazte esta pregunta: ¿Cuánto más podemos permitirnos posponer este aprendizaje?
Descubre el programa Self-Aware Leader y aprende cómo puede fortalecer el desarrollo del liderazgo en tu organización.